Volver empezar en relaciones amorosas no inicio cuando me topé con mi morenazo, no, sino cuando le hice un alto definitivo a los viejos vicios y a ciertos personajes.
mari garcia
En mi nueva década de vida he vuelto a empezar de muchas formas y en muchas aristas. Se parece cuando haces un reseteo del sistema operativo que estabas usando hasta los momentos, y que era el que servía para tomar decisiones, o simplemente te compras un nuevo programa. Para volver a empezar es estrictamente necesario hacer un re-chequeo de lo que dejamos atrás, como lo hicimos, en que resulto, y porque tuvimos que volver a empezar. Ni de cerquita quisiera volver a tropezar con una piedra parecida, o que la muy condenada este disfrazada de árbol para tratarme de engañar.

No les voy a mentir, no he tenido hermosas historias de amor, creo que en ninguna ha habido amor real y mutuo. Quizás solo la ilusión medio borrosa de un romanticismo barato, alimentado por nuestros queridos amigos de Disney, y afianzado por inseguridades arrastradas desde la niñez. Oh! ¡Que dramática eres Mari!, pensaran muchos, pero es que debo admitir mi verdad. Y mira que me he enamorada desbarrancadamente de una larga lista de nuestros amigos del sexo opuesto, porque desde que tengo memoria he sido una enamoradiza empedernida. Cuando era una niña de 5 años de edad ya estaba enamorada de un pequeñín de mi misma edad, hasta recuerdo su nombre Humbertico.
Pero bueno, esta romántica a morir ha fallado una y otra vez, y cuando decidí hacer un alto y ver dónde está mi responsabilidad, me di cuenta que cometí muchos errores que reconocí. Quizás hallan muchos más que no haya visto, pero la autocontemplación y el nivel de madurez que ostento me llevaron hasta estos, y se los voy a contar.
El primero y más fatídico para sentenciar a muerte una relación desde el principio, es la Idealización. ¡Madre mía! Pero que error tan grandote que hacemos las mujeres, porque hay que reconocer que es típico de nosotras las féminas. Lo Idealizamos casi todo, que habilidad para distorsionar en nuestras cabezas lo que está en la realidad, ya quisiera muchas productoras de Hollywood tenernos de guionistas. Tenemos una imagen que no es la real, de nuestro trabajo, las vacaciones, una celebración, el futuro, nuestros hijos, pero en donde más nos empeñamos es con nuestra pareja.
La Idealización. ¡Madre mía! Pero que error tan grandote que hacemos las mujeres
mari garcia
Aprender a mirarlos tal como son, y no pretender cambiarlos o esperar algo mas allá, es un reto enorme, pero bastante necesario para nuestra felicidad en pareja. Me costó bastante tiempo y desilusiones darme cuenta que si quería algo de un hombre hay que pedírselo explícitamente, sin adornos, ni indirectas. Es que los pobres no entienden con otra vía, tan simple como: “Mi amor, para el día de mi cumpleaños quiero una cartera de fulana de tal y quiero también que me lleves a bailar en tal sitio, por cierto mi cumpleaños es este viernes, el día antes te vuelvo a recordar” porque se les olvida hasta las fechas a los condenados, pero solo hay que recordárselas, y eso amiga lectora no está mal. Ya en otra publicación contare la forma de procesamiento mental de nuestros amados caballeros.

Idealizar a la pareja también hace que escojas a un infortunado ser con características nada que desear, haciéndote auto-ilusión de que lo vas a cambiar o de que él va cambiar. Craso error, nos estamos haciendo “paja mental”, y ahí mal gastas tu tiempo sagrado en un individuo que solo te traerá infelicidad y decepción. Seguimos viendo una película de Disney en nuestra cabeza, y cuando chocamos con la realidad nos damos nuestros trancazos.
La dependencia emocional, con bastante vergüenza, debo de admitir fue otros de mis errores cometidos dentro de mis relaciones de pareja. Siempre le he huido a la dependencia financiera, me parece terrible que una mujer se quede en una relación toxica porque no genera los recursos necesarios para auto sostenerse, y desde que salí de la universidad me he cuidado de no caer en un hoyo de ese estilo. Pero no me percate que mi “necesidad” de estar emparejada por tener miedo al “monstruo” de la soledad me haría caer en otro tipo de dependencia, igual de destructiva, igual de peligrosa.

De esta se sale cuando empiezas definitivamente a quererte, no hay otra vía, o reconoces que eres un ser humano valioso donde la prioridad es vivir en armonía consigo mismo y todo lo que violente esa paz debe ser sacado de cuajo, llámese como se llame, y te des el tiempo inexcusable para disfrutar de este paseo en la tierra viviendo con regocijo y alegría. Yo sé que es mucho más complicado que escribir simplemente palabras, y que el recobrar la autoestima requiere mucho de sanar viejas heridas que muchas veces involucran a nuestros padres. Pero me auto-responsabilice y fui por algunos años a terapia, con un psicólogo maravilloso que me tenía una paciencia increíble, porque conseguir el terapeuta indicado para cada quien es parte de llevar un buen proceso.
Cometí muchos traspiés más, como: no elegir una pareja con raciocinio y cabeza fría, no tener definido las características indispensables que debe cumplir un compañero de mi vida, no ceder en las decisiones que nos involucre a ambos, no ser malcriada, no aceptar faltas al respeto, entre otras más. Desde este punto parte volver a empezar, reconocerlo todo con una auto-evaluación. Antes de iniciar una nueva relación ineludiblemente debemos hacer estas revisiones y ajustar lo que esté fallando en nosotros, claro está, solo si queremos lo mejor para nosotros mismos.
Desde que termine mi última aventura amorosa hasta comenzar en la que me encuentro actualmente, pasaron casi cuatro años de vivir en la temida y monstruosa soledad, por decisión propia. Y déjenme decirles que ha sido uno de los mejores regalos que me he hecho en toda mi vida, fue un tiempo maravilloso donde me sentí tranquila y enfocada. En ese tiempo tome la decisión de migrar y experimentar los primeros años de revolcones que te da la migración. Y fue solo cuando me sentí estable legal, emocional y económicamente en mi nuevo país, con una visión clara de lo que quería, sintiéndome plena y divina conmigo misma, decidí que estaba lista para buscarme a un compañero, con la única y exclusiva razón de compartir la vida con alegría, aunque indiscutiblemente hayan duras vivencias.

Después de todo este camino recorrido, en este capítulo, solo les puedo contar que mi maravilloso morenazo lo conocí por la famosa aplicación de Tinder, sin apuros, sin ilusiones, y sin vergüenzas, más relajada que un sábado sentada en un balcón tomándome una copa de vino. Y definitivamente fue una conjunción de buenas energías, sensatez, madurez y claro esta picardía. Pero lo que más quiero recalcar en este post, es que volver empezar en relaciones amorosas no inicio cuando me topé con mi morenazo, no, sino cuando le hice un alto definitivo a los viejos vicios y a ciertos personajes, cuando renové mis perspectivas, creencias, y como me veía a mí misma, cuando busque ayuda, y cuando luche por no seguir emparentándome mal.
Estoy volviendo a escribir una historia, con más y mejores armas a mi favor. Y aunque nada es color rosa, ni perfecto; la tolerancia, la compresión y el respeto van construyendo mejores y más sanas relaciones. En manos de Dios todo poderoso poso mi nueva relación amorosa, y que a través de su gracia sea bendecida y protegida para el bien y la alegría de nosotros y de quienes nos rodean.




No Comments