Que odiosas y desgraciadas son las canas de mi cabello, es lo que pienso cada vez que las veo cuando me paro frente al espejo de mi baño, y por supuesto que haya pasado más de un mes de la última vez que me las teñí.
Ahí están, un ramillete que sale desde el lado derecho de mi frente, no disimulan nada su presencia, haciendo que mi rostro se vea completamente distinto, bueno eso es lo que yo creo. También pienso, ¿en serio debo de pintármelas el resto de mi vida, todos los meses? ¡Que ladilla!
¿En serio debo de pintármelas el resto de mi vida, todos los meses?
Entonces, empecé a recordar cuando y porque salieron. Me di cuenta que unas fueron saliendo cuando me encontraba alrededor de mis 34 años y ya era mama. Convertirme en madre de súbito, pero queriendo ser y hacer lo mejor para la crianza de mi pequeño, es una tarea estresante. Los trasnochos de dos años continuos, el forzar una “familia” con su papa cuando nunca fuimos el uno para el otro, la expectativa “del que no le falte nada”, y cientos y cientos de detalles que se acumulan unos a uno y te retumban la cabeza. De esos hechos surgieron unas poquitas canas, aisladas, ni se notaban, pero yo sabía que ahí estaban.

Luego al migrar todo cambio de súbito, otra vez. Fue, como cuando una ola te revuelca en la playa, te ahoga, tragas agua, no ves nada, no sabes dónde estás, no sabes cuándo vas a salir o si vas a salir, posiblemente piensas que vas a morir, y de remate te arranca el traje de baño dejándote desnuda y avergonzada. Para mi es la metáfora más cercana a la sensación al emigrar de los primeros años. El mundo se me vino de cabeza, me auto-torturaba pensando que en cualquier momento podía quedarme en la calle con un pequeñito de cuatros años de edad. Entonces el estrés de solo los tres primeros meses de haber llegado a los Estados Unidos, ¡zaz! me salió el ramillete de canas del que ahora ostento.
Cada día es un regalo, y que las canas están ahí para recordártelo.
mari garcía
Entonces, empecé a ser más amable conmigo misma y a reflexionar que fueron las situaciones que me dieron un golpe y me sacan de mi zona de confort, las que me hicieron crecer, aprender y cambiar; dejándome no solo con una nueva aura y una nueva mirada al mundo, sino con una marca visible también, las amigas canas.

Ellas significan vivencias, y de ellas se construye la vida, entonces aceptemos si somos afortunados vamos a envejecer, que la vida es valiosa, y cuando has perdido seres queridos o vivido situaciones difíciles, te das cuenta de que cada día es un regalo, y que las canas están ahí para recordártelo.
Todavía me las pinto, lo admito, es preferencia personal, pero he hecho las paces con ellas y espero que se conviertan en mis amigas algún día.
Ellas significan vivencias, y de ellas se construye la vida.
mari garcía



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