Menu

Sentada en el patio de la actual casa donde vivo, la casa de mi actual novio, con el césped recién cortado emanando ese olor tan característicamente verde, debajo de un cocotero, y bajo el cielo gris y semi nublado de Miami en otoño. Cierro los ojos y permito que mi piel se de cuenta de la deliciosa brisa que suavemente la golpea, respiro profundamente y cierro los ojos. Empiezan a llegar a mi mente las imágenes de los rostros de las maravillosas almas que me han empujado a estar exactamente en el punto donde me encuentro sentada en este instante, bajo el cocotero de mi amado.

Solo dejo que aparezcan esas imágenes, que fluyan sin esforzar mis pensamientos. Y me doy cuenta lo importante que fueron cada una de las situaciones en que interactúe con las personas que me he topado en mi caminar. Sin dar detalles de quienes han sido y que hicieron, me siento profundamente agradecida.

Unos hicieron cosas increíbles, son los que me aman y me conocen desde hace décadas, otros aparecieron poco a poco al llegar a vivir en mi nuevo país. Y me quedo pasmada de asombro al recordar la buena suerte de la que he disfrutado. Por supuesto que he pasado por situaciones difíciles, pero nada que lamentar o que no haya podido resolver oportunamente. Pero mi asombro es como desde el momento que pisé mi nuevo país, solo estuve expuesta a maravillosas personas que me dieron la mano, que me trataron con cortesía, que me ayudaron a nunca caer, y que fueron increíblemente amables y cálidamente humanas conmigo y mi pequeñito. Por las pocas que no fueron tan amables, tambien agradezco porque me mostraron cómo funcionan los procesos y definitivamente aprendí si o si.

Me siento bendecida hasta los huesos, hasta mi ultimo cabello de mi cabeza. Y no tengo palabras para expresarlo a la altura de mis emociones, a la altura del bien que recibo, a la altura del bienestar interno que me exalta y me llena cada una de mis células.

mari garcia

No soy una mujer religiosa, prefiero enforcar mi espiritualidad fuera de una religión definida, pero por supuesto creo en un poder supremo que nos arropa, que nos guía, y que nos bendice si así lo queremos; esa super energía, como muchos la llaman, yo también la llamo Papa-Dios. Y el, indiscutiblemente tiene su aliento impregnando mis caminos, porque se lo he pedido, y porque también lo reconozco en la mirada de quienes me han favorecido.

Me agradezco a mí misma por tomar las actitudes correctas en los momentos indicados, por ser persistente, por respirar hondo y llorar hasta que mis ojos no pudieron mas y sacarme los pesares cuando he caído, por tener claras las prioridades y los objetivos, por mi bendita inteligencia, por mi cuerpo que no me ha fallado en cada despertar, por mi sonrisa que abre puertas, y por mi sensible y bondadoso corazón. 

Bendigo mi vida y la de quienes la han tocado profunda o fugazmente, practicando el ejercicio de la gratitud, porque ambas van de la mano e indiscutiblemente son parte de los  ingredientes de la receta de la felicidad de cualquier ser humano.

mari garcia

Aquí debajo de este cocotero, continúo pensando en la gratitud y en este gigantesco país, ahora mío y de mi hijo también. Estados Unidos llego a mi de forma tan casual e improvisado, sin buscarlo, mas bien sin quererlo. Pero el me alojo, abrió sus puertas y me dio la bienvenida; me dejo saber que no era fácil, pero que me daria la oportunidad de convertirlo en mi casa. Que es distinto a mi Venezuela, pero no por eso es malo, que deja que los cientos de culturas se mezclen y hagamos una extraordinaria y colorida sociedad. Lo he aprendido a querer, a respetar, a comprender sus formas, y a admirar infinitamente sus fondos.

Me conmuevo al ver a mi sano hijo disfrutar de la música y bailar con todo su cuerpecito emocionado, el desayuno que mi pareja me prepara algunas mañanas, la voz alegre de mi mama a la distancia, las risas a carcajadas de los chistes con mis amigos, las gracias de los muchos pacientes que atiendo, y de muchas otras cosas más como esta brisa otoñal Mayamera que me toca suavemente. Por esto y miles de detalles mas, infinitas gracias PapaDios, gracias por tantas oportunidades y tantos dones.  

Infinitas gracias por el misterio de la vida.

mari garcia

No Comments

    Leave a Reply