El arte de buscar trabajo es eso, un trabajo artístico y perspicaz en donde te vendes como la esclavita ideal, y que ciertamente, vales lo que estás pidiendo en salario a cambio de tu vida y energía puesta al servicio de otros.

Buscar trabajo es como buscar pareja, puede ser una montaña rusa de emociones y expectativas, donde por un lado esta lo que mínimamente buscas, y por el otro, lo que te consigues por ahí.
Un factor agobiante, también, es el tick tack del reloj; el tiempo pasa mientras buscas trabajo al mismo tiempo que las facturas no paran de llegar. Por eso es tan importante crear y mantener una reserva de emergencia, entre más grande sea, más tiempo de buscar algo a tu medida tienes, y más paz mental también.
Al mes siguiente de haber dejado el segundo infierno, indiscutiblemente PapaDios metió su mano y me regaló una brisa fría debajo del sol, es la forma como digo que se siente rico estar afuera, ¡Conseguí que al fin me contratara una oficina paraíso! Fue un lugar maravilloso para entregar mi vida sin sentirme tan miserable.
Ese lugar es uno de mis preferidos hasta el sol de hoy. Yo me alistaba con un ánimo y un gusto increíble para ir a mi trabajo, me sentía útil, escuchada, parte de un equipo y valiosa. No tenía ni idea de que un lugar así existiera aquí en USA.

Mis jefes fueron, y siguen siendo, una delicia de seres humanos con los que amaba compartir; y mis compañeros eran pura buena vibra.
Ahí no era una exigencia ser productivo, simplemente lo eras y dabas lo mejor de ti porque simplemente provocaba serlo. Definitivamente una perla de oficina dental, para los empleados y los pacientes también.
El humor y la armonía que se respiraban en ese lugar de ninguna forma restaron a la responsabilidad de tomar nuestro trabajo en serio y cumplirlo con eficiencia.
Mi jefe me llegó a decir: “Mari, más nunca vas a tener un jefe tan bueno como yo” y no era arrogancia, era la simple verdad. Hasta el sol de hoy jamás he tenido un jefe tan humano, sencillo y desprendido como esos cordobeses. Lloré a mares cuando tuve que dejarlos, tenía que evolucionar.
Realmente fueron dos trabajos de medio tiempo que conseguí en ese momento, con los cordobeses, y también un día y medio a la semana en un lugar antiguo en la ciudad de Coral Gable, con mucha gente igual de antigua y “grande”.
Aprendí bastante, sobre todo porque allí, en el lugar antiguo, me sentía como una turista, todo lo procesé desde una distancia que me permitía mantenerme lógica, y así no me involucré en sus melodramas.
En ese ínterin entre esos trabajos, me sobraba tiempo para estudiar y tomar mis exámenes de revalidación para convertirme en una Register Dental Hygienist, una posición superior a ser una asistente dental y con oportunidades salariales más abundantes.
Como una vez me llegó a decir una compañera texana higienista “Mari, at least this is decent money”, a lo que quiso decirme: “Mari, al menos ser una higienista te da un salario digno para vivir”, tenía mucha razón.
Entonces me convertí en una higienista dental aquí en la Florida, entretanto trabajaba en el paraíso y conseguía pequeños trabajos de suplencia como higienista, hasta que, por fin, conseguí mi primer trabajo de tiempo completo como higienista.
La pesadilla volvió, volví a entrar en modo de aprendizaje forzoso e infortunado jajaja, seguro es que me faltaba amaestramiento y la vida no me iba a dejar ir así no más.
El conteo va así, dos infiernos, un paraíso, un lugar antiguo y ahora el tercer infierno y el más terrible de todos hasta la fecha. Pero lo que aprendí allí fue tan valioso que a partir de ese trágico lugar nada más va a llegar a ser más terrible que ese sitio.

Desagradable lugar sería un pequeño adjetivo para describirlo, todo estaba mal, no sé cómo empezar, o si vale la pena empezar a narrar algo. Pero lo que sí voy a destacar es que no hay cosa más malvada que hacer daño por la simple satisfacción de hacer daño, eso va a un nivel más allá del que lo hace y no le importa.
En ese lugar, mi cuerpo y mi psiquis fueron llevados al límite, nunca pensé posible los niveles de escudriñamiento de energía de mi ser, hasta casi la última gota. Literalmente ese año fue exprimirme hasta los huesos, para conseguir la mayor cantidad de dinero que podían producir gracias a mí.
Lo ideal en este negocio es que una higienista vea un paciente por hora, así le brindas calidad de servicio clínico y educativo al paciente, tienes el tiempo suficiente para organizar lo que necesitas antes y después de ver a cada paciente, y utilizas la energía de tu cuerpo humano de forma sostenida en el día para no terminar desbaratada al final de la jornada. Pues, en ese infierno podía llegar a ver hasta 16 pacientes en un día, es decir, cada media hora.
Los primeros meses me sentía cansada y destruida físicamente. Mi cuerpo empezó a pasar factura, dolores cervicales terribles, dolores en mis manos y muñecas, dolores de espalda, el estrés se apoderaba de mí y hasta empecé a experimentar episodios de taquicardia frecuentemente. Pero lo peor no era mi estado físico, era el psicológico.

Siempre se habla de lo devastador que es tener una pareja narcisista. Y con razón: probablemente, junto con tener un hijo con rasgos narcisistas, es una de las experiencias más desgastantes que existen.
Bueno, yo tuve un jefe narcisista. No es el mismo nivel perturbador, pero tampoco es algo menor: es una dinámica tóxica, agotadora y profundamente frustrante.
Entonces, la mayor tortura en ese lugar era él, el dueño con su narcisismo, con su super ego, en donde lo número uno era su imagen, y lo siguiente a su imagen “impecable”, era el máximo dinero que podía conseguir fuera como fuera, se llevara a quien se llevara, arruinara a quien arruinara.
Las humillaciones a los asistentes eran pan nuestro de cada día, el robo descarado a los pacientes era algo normal, hablar mal de todo el mundo a sus espaldas era una rutina cotidiana para él, los ataques de histeria cuando no salían las cosas como él quería drenaban a todo el personal. Las burlas eran una forma de comunicación natural, sus ánimos o su nivel de cinismo eran impredecibles, la presión siempre era constante.
Recuerdo que llegué a un punto, que cuando llegaba el domingo al mediodía, me deprimía a tal punto que hasta me ponía a llorar, ya iba a ser lunes otra vez y no quería ir a esa pesadilla. Juan peleaba conmigo porque yo lo que tenía era que renunciar a ese lugar y asentar siempre mis límites desde el día uno.
Mi Juan casi siempre tiene razón, pero, aunque yo sea odontóloga, aquí en Estados Unidos la mayoría de los trabajos piden un año mínimo de experiencia, y ese infierno me estaba dando ese antecedente que me hacía falta para seguir adelante en mi camino de esclavización, perdón, en mi camino de crecimiento laboral (sarcasmo).
En aquel momento, cuando ya tenía meses en ese infierno horroroso, tuve que sentarme a evaluar cuál era la mejor alternativa.
Lo más razonable era no volver más y buscarme otro trabajo, sabiendo que podía pasar un largo tiempo sin conseguir uno, porque ya saben, la inmigrante que es doctora dentista “no tenía experiencia laboral de al menos un año como higienista limpiando dientes”, así que decidí quedarme.

En ese momento la indigencia ya no me asustaba tanto, sin embargo, tengo cuatro bocas que alimentar: mi Max, mi mamá, mi papá, y mi propia boca. Por cierto, mis papás viven en Argentina, pero allá también se come.
Tomé una decisión, y fue la mejor decisión que pude haber tomado, me quedaría hasta cumplir un año exacto (365 días) trabajando en ese infierno, y cumplir con mi año de “experiencia limpiando dientes”.
Y ustedes dirán ¿what!, ¿quedarse? Pues sí, fue la mejor decisión y les explico por qué. La reprogramación mental que me hice fue tan sorprendente que yo me desdoblaba para autoobservarme y no podía creer lo que había logrado; fue como pasarme un switch en mi cabeza.
Hice un ejercicio simple, engañé a mi mente y, para mi asombro, funcionó maravillosamente. Me conté la historia de que ese infierno era un paraíso, y que era la única opción que tenía, que no había nada más en el planeta tierra para mí que eso, que ese trabajo era mi razón de ser, y que además era un privilegio y un disfrute extraordinario, que era algo que quería hacer de domingo a domingo, pero por mala suerte me daban los domingos libres, que con cada paciente que veía sentía que acumulaba puntos que me llevaban a la gloria, entonces deseaba ver cada vez más y más.
Que el narcisista era una estrella, y que lidiar con él era una bendición, empecé sinceramente a buscar y validar sus virtudes, observar activamente que podía aprender de él; porque siempre, siempre, pero siempre se puede aprender de alguien más, y ese trabajo lo tomé en serio.
Del “tipazo” aprendí sobre su determinación a cumplir objetivos, que una imagen bien impecable se capitaliza, aunque sea una mentira de fachada, y que más allá de la obsesión por controlarlo todo, su habilidad de saber cómo funciona hasta lo más mínimo de su negocio y en qué estado anda, lo ha hecho ser profitable.

En pocos días empecé a sentir una paz y una calma enorme, todo fluía maravillosamente para mí, ya no sentía más cansancio, la energía volvió y mi mente estaba despejada, tenía un propósito definido con una fecha específica en mi calendario.
Los compañeros que quedaban, que no habían sido botados o habían escapado, no pudieron dejar de notarlo y empezaron a preguntarme cómo es que en medio de ese infierno yo parecía que levitaba, como con un aura de relajación comparable al que está de vacaciones recostado a la orilla de una estupenda playa con una piña colada en la mano.
Yo les contestaba que todos tenemos el poder de cambiar el ángulo con que vemos las circunstancias que nos rodean y la forma como decidimos actuar.
A los 365 días exactos renuncié, con mucha felicidad y regocijo desbordante, no solo porque el tiempo de ese tercer infierno terminó, sino porque descubrí ese superpoder de controlar la mente que me dejó atónita.
Mantener la calma de mis emociones, literalmente mintiéndole a mi mente, es una herramienta poderosísima. No se trata de disociar la realidad por disociarla, es un mecanismo de sobrevivencia increíble, pero hay que tener un plan razonable con base en la realidad, y mi plan siempre fue salir, pero con lo que me convenía, mi bendito año de experiencia laboral como higienista.
Aprendí un montón sobre jaquear mi propia mente, cómo ponerme en otro lugar y observar desde otra perspectiva lo que me rodeaba, aprendí que podemos ser quien queramos ser y como queramos ser.
Hace poco vi un podcast donde entrevistaban al Dr. Andrew Huberman, un neurocientífico y youtuber estadounidense, donde explicaba que la evidencia ha demostrado que una forma eficiente de instaurar nuevos hábitos y hacer cambios definitivos, es precisamente jaqueando tu mente mintiéndote constantemente, como contarte una película de quién eres ahora, aunque no lo seas todavía.
Parece absurdo y te sientes ridículo porque sabes que te estás mintiendo, pero funciona.
A menos que tengas una patología mental de base, no vas a disociarte y empezar a pensar que estás en Disney, cuando ciertamente estás en un campo de concentración.

Pero si es verdad que el cerebro responde maravillosamente, como si estuvieras haciendo un personaje para una obra de teatro, al principio se escucha irracional y risible, sobre todo porque es bastante simple, pero funciona, el cerebro es una computadora y la puedes reprogramar.
Después me tomé unas vacaciones de mes y medio, y empecé a buscar nuevamente trabajo, pero con calma, sin apuros, con una confianza en conseguir lo que quería. Ese tiempo lo usé para aprender algo nuevo, option trading, algo extenso para explicar en otro artículo, porque es como aprender otro idioma.
Ser financieramente independiente es una imagen recurrente que he tenido desde hace muchísimo tiempo en mi vida, pero después de todos estos infiernos por los que transité, paso de ser un anhelo a una necesidad, ser empleada y estar a la merced de alguien más me hace sentir castrada, asfixiada y bastante amargada.
Por eso en ese mes y medio de “vacaciones” fue un intensivo de autoaprendizaje sobre inversiones en el stock market y sobre options, una decisión que me alegra haber tomado y que me ha ayudado hasta el sol de hoy.
Continúa parte 3: https://mujerown.com/2026/05/03/infiernosyjardines-parte3-3/

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