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Infiernos y jardines. Mis trabajos como inmigrante. Parte 3/3

Siguiendo con la aventura sobre mi vida laboral en los Estados Unidos, después de mis vacaciones conseguí una posición de medio tiempo, que era lo que estaba buscando en ese momento para seguir estudiando sobre trading e inversiones.

Generalmente tomaba el servicio público de trenes. Me tomaba tres horas diarias en promedio para ir y venir porque me quedaba a 70 kilómetros de distancia.

Pero, sinceramente, no me molestaba en absoluto. Era un lugar agradable para trabajar, y ese tiempo de traslado lo utilizaba para leer, escuchar podcast o hacer llamadas pendientes, disfrutaba del paseo en tren, y había veces que hasta hacía una siesta.

Por supuesto que viví racismo, esta vez era muy sutil a un nivel más sofisticado, me daba cuenta, pero no le daba importancia, así que no me perturbó en absoluto, en vez, me enfoqué en mejorar mi inglés.

Comparando esta oficina con el infierno de donde venía, la hacía un paraíso, la fluidez de mi inglés mejoró bastante y aprendí más sobre cómo interactúan los americanos nativos.

La seducción del pago de un salario cada dos semanas te hace sentir “seguro”, y fui dejando a un lado mis sueños y aprendizajes continuos, me autosaboté los planes, le eché la culpa a la falta de energía y tiempo, y no a mi falta de convicción de creer en mí.

El concepto de una jaula no cambia por ser más cómoda, cuando llega el momento de lidiar con gente difícil en situaciones problemáticas, la hostilidad toca a la puerta, y me vuelvo a topar con que he vuelto a vender parte de mi vida.

Después de casi dos años en ese espejismo, la cosa se puso amarga nuevamente. Los últimos meses empezaron a ver roces y desacuerdos entre los managers y los empleados, empezaron pequeñas persecuciones y hostigamientos por razones inherentes a las tonterías del ser humano, simplemente ser seres humanos.

Eventualmente me tocó y fue un evento rudo y muy personal para mí. En medio de esa atmósfera tensa en esa oficina, apelé a mi súper descubrimiento del infierno anterior de autojaquear mi mente, pero esta vez no funcionó y les explico por qué.

Juan (recuerdan a mi Juan) y yo teníamos tiempo tratando de tener un hijo, pero no se nos daba, empezamos a ir a una clínica de fertilidad para saber qué pasaba, y en conclusión, resultó que ya no podía tener bebés de forma natural, como quien dice, ¡se me fue el bus!

Entonces, ¡ocurrió un milagro!, después de tantos procedimientos y exámenes, quedé embarazada de forma natural, la alegría fue enorme, y con ello los cuidados también debían ser enormes para una mujer de 44 años embarazada.

Entre ellos uno bien importante que resaltó mi doctora obstetra: “Mari, no puedes tomar ni exponerte a radiografías”, y adivinen qué es la actividad número uno de una higienista después de limpiar dientes? ¡Tomar radiografías a los pacientes!

¿Qué creen que pasó? Lo que tenía que pasar, el negocio es más importante que cualquier ser humano y la producción no debe parar.

Estuve dos meses embarazada y trabajando porque me sentía físicamente bastante bien, pero al dueño no le pareció pertinente que mis compañeros de trabajo me ayudaran con la tarea de las radiografías, entonces empezó la presión psicológica, y el trato desagradable que te deja saber que ya no perteneces más a este lugar, discriminación por embarazo se llamó.

El último día en ese lugar, tuve una reunión con mi jefe, el dueño de la clínica. Básicamente me echaba sin poder echarme legalmente. Con un tono pasivo-agresivo busco las palabras sinímicamente apropiadas para hacerme sentir lo suficientemente incómoda al punto donde yo decidiera no querer estar más allí, y renunciaría.

Me acuerdo de ese día y me siento mal, no por lo imbecil que el decidió ser, sino porque yo lo dejé pasar sin hacer objeción, sin pelear, sin decirle a rajatablas la clase de mierda humana que era; por el contrario, me sentí abrumada, temerosa, aturdida, y bastante paralizada.

Ahora miro para atrás, y soy un poco más benevolente conmigo misma y no me autocastigo tanto, estaba embarazada, no estaba en mis cabales naturales, mis hormonas bailaban joropo encima de mí.

Esa misma tarde que me reuní con el susodicho, decidí no volver (algo que Juan me venía implorando desde el día uno de mi embarazo), al siguiente día empecé con pequeños sangrados que me alarmaron, mi doctora me dijo que me quedara tranquila si no eran rojos intensos.

Llegaron los rojos intensos en la madrugada y fuimos al hospital con un sangrado desbordante y mucho dolor. Había perdido a mi pequeño angelito. Fue uno de los momentos más duros y tristes de mi vida.

Estuve unos pocos meses sin trabajar para reponerme del shock, además de que el mercado laboral odontológico es un poco difícil aquí en el sur de la Florida.

En ese tiempo decidí prepararme para recibir definitivamente de vuelta a Max, que estuvo viviendo por tres años con su padre en Texas. Eso me ayudó a restablecerme rápidamente, porque otra de las cosas que más me ha golpeado es haber vivido tres años separada de mi Max.

Después de tantas decepciones y aprendizajes laborales, mi mente se ha tornado más aguda, fría y concreta. Ahora busco lo que me conviene, porque sé lo mucho que valgo y el gran aporte que mi profesionalismo contribuye a los lugares de trabajo.

Trazó mis líneas a la primera y no pretendo bajo ningún motivo que la atraviesen ni una vez, nadie me va a jugar ningún juego barato, y con todo respeto digo a la cara lo que me parece.

Hoy en día, no tengo problemas en cambiar de trabajo como me cambio la ropa, al contrario, mientras tengas la desdicha de seguir siendo empleada, o simplemente esa sea tu elección porque así te sientes feliz y esta bien, la mejor forma de crecer, aprender, expandir tu experiencia, ser cada vez más valiosa, y ganar incrementos importantes de salario, es moverte de lugares de trabajo cada dos a cuatro años.

Yo sé que ser empleados lo tenemos normalizado, ese fue el sistema que creamos como forma de vivir. Pero si estás descontenta, amargada e insatisfecha, muévete que no sois un árbol, sois un ser humano que merece respeto, especialmente de vos misma.

No normalicemos lidear con gente difícil que aflige la existencia, si tenéis el sueño de hacer algo más, lánzate, anímate o búscate otro trabajo, pero por favor muévete, ahí no te quedes.

Así llegué a mi segundo paraíso, un pequeño trabajo de medio tiempo de doce horas a la semana. Me estaba endeudando con las tarjetas de crédito, porque obviamente 12 horas no alcanzan para los gastos del mes, pero me dio la oportunidad de tener el tiempo para reconectarme con Max y readaptarlo, ponerlo a tono nuevamente con Miami y su nuevo colegio.

Ese lugar, para mi pesar, es el que acabo de dejar después de casi un año con ellos.

Es una oficina pequeña y familiar, donde hacemos almuerzos riquísimos para compartir entre absolutamente todos, donde de vez en cuando salimos un fin de semana a bailar, donde se apoyan incondicionalmente, un lugar maravillosamente atípico de verdad. Las doctoras son un amor de gente y con calidez humana, todos amables y buenas personas de corazón.

Maxi ahora se ha adaptado y está más maduro, por otro lado, las tarjetas de crédito no aguantan más, y mi cuenta de inversiones y trading no está creciendo porque les saco cada ganancia como si fuera un cajero automático robado.

Como dije al principio de mi relato (Parte 1), dejé esa acogedora oficina paraíso y volví a saltar al vacío, al vacío, porque nunca sabes a dónde vas a parar realmente, hasta que pases unos meses viviendo la dinámica de una oficina y viendo todos sus colores.

Pero estoy contenta, reconozco que cada vez soy más experta en el arte de vender mi perfil profesional, que mi capacidad de adaptabilidad mental es amplia, que soy mejor logrando leer a la gente y relacionándome con diferentes tipos de personalidades, y en general, cada vez tomo decisiones más rápido en la vida.

Hoy en día estoy en otra posición de medio tiempo, pero con más horas y mejor pagadas, más cerca de casa y de la escuela de Max, y con un par de beneficios extras: gasto menos gasolina y menos tiempo de traslado.

Sé que soy temporal, aunque ellos no lo sepan, siempre seré temporal a donde quiera que vaya, no sé si será por pocos meses o por un par de años, pero mi visión ahora es más clara y pragmática, voy a cambio de dinero, mi prioridad es descubrirme, aprender para sorprenderme, auto-sustentarme, y mientras mis pies pisen este planeta, pasarla bajo mis convicciones y en el lugar que quiera estar.    

La vida es muy cortica para vivirla atrapada en donde no puedo florecer, ser yo y existir con naturalidad. No significa que mientras siga siendo empleada no voy a contribuir al lugar donde trabajo y ser responsable, sino tener presente día a día que no es mi prioridad, y que mi energía vital la reservo para mí y mis ambiciones íntimas.

El conteo cronológico hasta la fecha es: dos infiernos, un paraíso, un lugar “antiguo”, un tercer infierno horroroso, un paraíso que terminó en infierno, un segundo paraíso y el lugar actual.

En este punto ya entendí que soy yo la que decido en qué se puede convertir ese sitio, mis emociones y pensamientos son mi mundo y los puedo manejar, y lo que sale del alcance de mis manos simplemente tomo la decisión de aceptarlo en mi vida o no y punto.

La vida es una tómbola, y aunque haya situaciones y circunstancias que parecieran llegar por “mala suerte” o porque el destino así lo quiere, detenerse, razonar y tomar las riendas de qué hacer y cómo sin victimizarse es nuestra completa responsabilidad.

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