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Reflexiones

Los hombres de mi vida

Debo empezar contándoles que en mi vida hay muchos hombres importantes, así que simplemente no puede haber un “el hombre de mi vida”, sino más bien los hombres de mi vida.

Comenzando por mi papá, un señor que siempre estuvo a mi lado y se esforzó por hacer y darme lo mejor que tuvo en sus manos.

Fue bastante estricto y poco tierno, pero al fin y al cabo después que llegué a la adultez entendí que me amaba y que me ama, que quiere lo mejor para mí, y que no podía brindar más allá de lo que solo entendía y sabía hacer.

También está mi hermano, mi único y pequeño hermano, nos llevamos seis años de diferencia donde yo soy la mayor. Él es sumamente inteligente y aventurero, con una personalidad altiva y bastante sobrada. A pesar de que solo somos dos hermanos, siempre fuimos bien desprendidos, cada quien ha vivido su mundo aun cuando vivíamos bajo el mismo techo.

Cuando nos convertimos en adultos, quizás conectamos un poco, sobre todo cuando nos tocó migrar, pero, por supuesto, cada quien lo hizo por su lado y a diferentes destinos, destinos completamente opuestos: él completamente hacia el sur y yo completamente hacia el norte del continente americano.

No somos los mejores amigos, y nunca lo hemos sido, pero sé que él está para mí y yo estoy para él en cuanto peguemos un grito. También lo extraño de arratos y quisiera poder verlo todas las veces que quisiera, como unas tres veces al año jajaja. Me di cuenta de lo mucho que lo amo y quisiera tenerlo más cerca.

Por supuesto que dentro del conteo está mi Max, mi hijo. Pareciera que dentro de su delgadito y pequeñito cuerpo habitara un ser de muchísima más edad, “eres un viejito, Max”, siempre le estoy diciendo.

Él es la mayor de mis responsabilidades, llevarlo de la mano hasta que se convierta en un hombre bueno, sano, responsable y feliz no es tarea fácil, pero bajo ninguna circunstancia puedo permitirme fallar. Él desde su brillante lucidez y su increíble razonamiento me ha dado grandes lecciones en sencillas palabras.

En estos días, al hablar con mi actual compañero, me preguntó: “Mari, ¿cuáles son tus requisitos para que un hombre sea tu pareja?”. Pasé varios días pensando en la pregunta sin concretar una respuesta para él y para mí.

Pienso firmemente que la pareja es para saborear y gozarse la vida compartiendo.

Llegar a un punto de fraternidad donde la comprensión del otro es tan profunda que muchas veces no se necesitan palabras; donde cada quien puede ser descaradamente libre de quien es; y elegirnos gustosamente en las malas, en las buenas y en las aburridas.

La sexualidad como top, porque es expresión física de lo que grita mi alma sobre la aceptación y la entrega, donde los silencios compartidos son deliciosos, intercalados de días de largas conversaciones que me lleven a viajes más allá de lo que pensaba.

Las conversaciones incómodas se vuelven cómodas y cotidianas. Donde cada quien tenga su mundo individual sin problemas de vivirlo como le plazque, porque primero somos individuos antes que pareja.

Que su presencia en silencio me reconforte, que su voz sea mi música favorita, que haya tenido una vida fantástica antes de mi llegada, que sepa el valor sagrado del hogar y la familia, y que esté consciente de que la pareja, aunque no es un mar de rosas, es para exaltar la alegría con la que ya estábamos llevando nuestras vidas.

La pareja no es para amargarnos la existencia ni vivir en un pesar tras otro. Concebir el “amor” como una agonía o una carga pesada que hay que arrastrar, definitivamente resta mucho tiempo a la vida que en definitiva es una solita, y yo lo que quiero es magnificar la mía, saboreármela con los mejores ingredientes, o mejor dicho, hacer los mejores platillos con los ingredientes que me topé en mi caminar.

Los zapatos cuando conocí a mi profesor Juan. Image by StockSnap

Hoy en día, elegí a mi maravilloso compañero después de varios años de deliciosa y muy disfrutada soledad voluntaria. Todavía estamos dando los primeros pasos en esta joven relación intercultural, con una convivencia adelantada y un niño con enérgico carácter (Max).

Él cumple con casi todos mis requisitos y me tiene consciente y maduramente enamorada. Observe que es responsable como mi padre, inteligente y sobrado como mi hermano y con una lucidez en su palabra parecida a la de mi Max.

Con él, recobre la confianza en amar a un hombre y ver con buenos ojos el matrimonio, que es posible una vida en pareja con sabores agradables, y que es posible alinear vidas diferentes de forma divertida.

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