La avalancha que se abalanzó sobre nosotros nadie la vio venir, y más allá de lo que pensemos y estemos dispuestos a hacer o no sobre esto, fue un sacudón para todos. No pienso discernir sobre los orígenes reales o no de la pandemia, sobre el buen proceder o no de algunas personas, ni mi opinión personal sobre las medidas mundiales de los gobiernos y sus intenciones reales; pero si voy a resaltar de como los cambios son parte esencial de la vida.
Este año nos tocó la mama de los cambios, para muchos fue de catástrofe y para otros tantos fue de empuje y crecimiento. Pero lo mejor son aquellas personas que están logrando filtrar todas las adversidades que están viviendo y quedarse con lo que los haga crecer y transformar. Se escucha lindo como de librito, pero es que la vida trata simplemente de eso, avanzar aceptando los cambios.
Avanzar en cual dirección, esa seria la pregunta, y con estas cuatro décadas con que PapaDios me ha bendecido me percato que la dirección es hacia dentro. Es un camino complejo, duro, donde se necesita valentía, enfoque y determinación.
El cambio está ahí, permanentemente, al doblar cada esquina. Y a medida que camino hacia adentro de mí misma, más avanzo hacia adelante en la vida.
mari garcía
Mirar hacia dentro es bastante difícil, sobre todo hoy en día, cualquier cosa nos distrae de ese camino, dispositivos electrónicos, redes sociales, internet, el trabajo, los estudios, la familia, las relaciones sociales, los proyectos personales y económicos, y un sinfín de cosas más.
Apagarlo todo se nos hace imposible, aunque sea por pocas horas. Resulta que el 2020 llego y lo apago. Y que ocurrió después, más allá del pánico al famoso virus, muchos tuvimos que forzar la mirada hacia adentro, así sea para una simple asomadita. ¡Lo hicimos obligados! porque sino las redes y los medios de comunicación nos volverían locos, junto con las mascarillas claro está.

Particularmente, yo viví un viaje de experiencias juntas e intensan que me cambiaron la vida que llevaba hasta los momentos, como quien practica deporte extremo de forma repentina y sin opción de ir a la banca. En enero de 2020 inicie una nueva relación amorosa después de cuatro años de completa soltería. En marzo, a tres meses de estar saliendo, decidimos que debíamos Max y yo mudarnos a su casa por haberme quedado sin trabajo producto de la pandemia.
Ahí estaba yo, con mi primera y única relación de convivencia marital de mi vida, con un enérgico niño de 7 años de edad, desempleada y conociendo mi loco y sus detalles. Fue una montaña rusa de emociones fuertes en donde en medio de mi extrema sensibilidad aprendí, y continúo aprendiendo, a estabilizarme.
Lo único permanente en este universo son los cambios y este 2020 no los recordó a toditos sin exención.
mari garcía
Mi morenazo y yo somos de culturas distintas, él es un hombre exigente a los detalles, preciso y puntual con la comunicación, racional y lógico hasta la medula, y con una visión tradicional de la paternidad. Yo por mi parte, exigente con mis detalles que no son los mismos de él, soñadora y al extremo cariñosa, de comunicación verbosa y amplia, y creyente de la crianza respetuosa y sus allegados. Hemos aprendido a ser tolerantes, a respetar los espacios personales, leernos entre líneas, y a seguir amándonos en medio de la locura diaria de nuestro cálido hogar.
Al mes y medio inicie un nuevo trabajo, y necesito señalar que mi jefe fue un dentista ruso, lo señaló para que imaginen la difícil comunicación que tuve que aprender a entablar con el mencionado, aunque usáramos el inglés como vía.
Verme inmersa en una oficina dental donde los principios de aquel doctor no cuadraban con los míos, y en donde las relaciones laborales eran un poco bizarras, me hizo aprender mucho sobre mis capacidades de resolución de conflictos permanentes, poner a prueba mi inteligencia emocional para tratar con diferentes tipos de personalidades cambiantes, y sobre cuales son mis niveles de tolerancia. Todo con el temor de no quedar nuevamente desempleada, aunque en casa tenía mi respaldo, mi morenazo, que me cubriría en todo lo que me haría falta. Definitivamente ese trabajo fue un cambio drástico dentro de mis hábitos profesionales.
Hace pocos días decidí renunciar, yo que soy una mujer de hábitos estables y relaciones duraderas. Fue lo mejor que pude hacer, al instante conseguí dos nuevas ofertas con una muchísima mejor paga y en ambiente mucho más respetuosos.

Otra situación increíble, que la pensaba desde hacía mucho, pero que jamás pensé que sería factible tan pronto, fue el de hacerme de una propiedad para negocios aquí en la costosa ciudad de Miami. Sin ninguna intención, solo por “averiguar”, le pregunto a una amistad realtor sobre las posibilidades que tengo yo con un sueldo de Orthodonic Dental Assistant de comprarme una propiedad.
El cuento es largo, pero a la final surgió un sin numero de cambios y oportunidades que me llevaron a comprar mi primer apartamento en este país. Aprendí un mundo, sobre todo de los errores que cometí, me endeude hasta las pantaletas, pero aquí estoy abrazando mi cambio repentino, pintando yo misma mi apartamento para tenerlo lista para mi primer inquilino, en donde seguro aprenderé de el mucho más.
El cambio está ahí, permanentemente, al doblar cada esquina. Y a medida que camino hacia adentro de mí misma, más avanzo hacia adelante en la vida. Menos miedo me da cambiar de paisaje, de gente, de hábitos, de tierras, porque las raíces van creciendo dentro de mí y no hacia afuera en una profesión específica, una relación específica, trabajo, proyectos, etc. o cualquier cosa externa que me ancle y me deje clavada como un árbol.
Ese viaje interior te ayuda a conocerte, a tener confianza de ti mismo y tener la seguridad en que eres bueno, y eso es fundamental para recibir y abrazar los cambios, lanzarse sobre ellos y buscarlos también. Lo único permanente en este universo son los cambios y este 2020 no los recordó a toditos sin exención.





No Comments