En la madurez de mis cuarenta y cinco años me he dado cuenta de que la única forma de acelerar la abundancia es trabajando en tres frentes a la vez, uno, produciendo más de lo que necesito, dos, gastando en lo esencial, y tres, invirtiendo como demente. Lección ABC de finanzas básica que todo niño debería aprender y practicar, pero no me lo había aclarado hasta hace pocos años, y lamentablemente la gran mayoría de las personas jamás en la vida hacen.
Frugalidad habla sobre el frente número dos, gastar en lo esencial y con conciencia. Algo que las mujeres tendemos a fallar por motivos culturales, psicológicos y hasta biológicos, pero uno bastante crucial que nos acompaña con frecuencia es el de la vanidad y la presunción con quienes nos importa.
Definir que es esencial tiene que ser indispensablemente un proceso racional, que después implica actuar con un freno de mano en las emociones y con una visión clara de los objetivos en todo momento.

Aunque a lo largo de mi vida he sido una ahorradora innata, de más joven, no tenía el concepto de crear riqueza inteligentemente, sino que seguía el patrón preestablecido de estudiar y acumular títulos, devengar altos salarios y trabajar como una mula. Entonces una vez cubiertas mis responsabilidades básicas y puesto una porción en ahorros, gastaba con impulsividad en lo que me apeteciera porque es lo normal, es un patrón copiado, te hace sentir bien, y además todos esperan que te comportes así si no serías un fracasado al que le va mal.
Está completamente normalizado tener creencias como “me lo compro porque me lo merezco”, “total para eso trabajo para darme mis gustos”, y estos pensamientos se convierten en la base para comportamientos de despilfarro y acumulación de cosas, porque tenemos la percepción torcida de que el acaparamiento de cosas, muchas cosas, y entre más costosas más maravillosas, es abundancia.
Este sistema de pensamientos suele ser común entre nosotras las mujeres, traduciéndose en hábitos autodestructivos que están normalizados socialmente. Y eso nos adentra cada vez más a la mentira sobre cómo funciona el dinero y la forma como lo conceptualizamos, hundiéndonos en una jaula de hámster a correr la carrera de las ratas.

La mentira es hacernos creer que estamos en completo control de nuestra vida, que nosotros decidimos y que somos autónomos. La gran verdad es que somos un producto, que nuestra vida le pertenece a otros, desde que nacemos hasta que prácticamente morimos, nuestra vida será para introducirnos en una espiral de producir y gastar que acaba con la muerte, lo que nos mantiene fuera del foco de lo que realmente queremos hacer con este tiempo finito llamado vida.
Las mujeres tendemos a ser vanidosas y compradoras, no es solo un decir, entre el 70 – 80% de los compradores en los Estados Unidos somos mujeres, según reporte de Forber en 20 Facts And Figures To Know When Marketing To Women, lo que puede estar relacionado a que somos quienes continuamos administrando los hogares, pero un buen porcentaje de ese número de cosas que compramos son cosas que queremos, no cosas que necesitamos.
Por otro lado, a nivel global, la pobreza afecta de manera desproporcionada a las mujeres; cerca del 70% de las personas pobres del mundo son mujeres, según Amnistía Internacional. En la mayoría de las culturas estamos sometidas a mayor cantidad de violencia en el transcurso de nuestras vidas, a la pobreza y al abandono en nuestra vejez en proporciones muchísimo mayores con respecto a los hombres.

Todavía hoy en 2025, existen muchísimos factores en nuestra contra como mujeres, así que, ¿por qué no nos hacemos un favor y empezamos a concientizar y actuar adelantadamente? Hasta qué punto nos podemos permitir desbarrancamos en lo que “queremos” sin que nos suicidemos de a poquito, apresándonos en una esclavitud donde terminamos pagando con nuestra vida trabajando para otros, en lugares, con gente, y haciendo cosas que odiamos, hasta que llegue la vejez y nos toca depender de otros porque “el dinero fue para gastarse” infantil y deliberadamente en cosas vacías e innecesarias por caprichos temporales, en vez de construir riqueza para comprar nuestro tiempo de libertad.
Producir riquezas viene con el empeño de observar nuestros talentos y aprender a explotarlos para nuestro beneficio, aprender y crear hábitos de inversión perpetua que se desarrolla con la autoeducación permanente y la disciplina; pero el más básico de los aspectos de la abundancia viene de organizarse en que es esencial, controlar las emociones, y poner debajo de la lupa lo que creemos es un ideal de vida y empezar a detallarlo desde diferentes ángulos, lo que nos lleva al minimalismo y la frugalidad.
Creo que profundizar en estos dos conceptos, minimalismo y la frugalidad, nos lleva a un fondo psicológico que nos ayudaría a cambiar cómo pensamos y actuamos sobre las creencias del tener, del gastar y de finalmente descubrir qué es felicidad.
Creo firmemente que profundizar en minimalismo y frugalidad, nos lleva a un fondo psicológico que nos ayudaría a cambiar cómo pensamos y actuamos sobre las creencias del tener, del gastar y de finalmente descubrir qué es felicidad.
Mari Garcia
He cometido el error del endeudamiento varias veces, y recientemente estoy metida nuevamente en esa situación, que para mí es algo impensable y me torturo psicológicamente por cometer errores, aunque no hayan sido por consumismo y vanidad. Esta vez aprendí a la mala, y me quedó clarísimo que una sola fuente de ingresos y no tener una cuenta de emergencia sólida es garrafal.
Volver a reestructurarme y salir de la deuda es algo que sé hacer, pero me va a costar meses de trabajo sin que saque dinero de mis inversiones, eso se traduce en tiempo, es decir, vida, terminar pagando con mi vida los errores que he cometido. Pero la frugalidad como hábito y el minimalismo como lupa para ver la vida son poderosas palancas que me van a ayudar enormemente a recuperarme rápido.
A mis 40s me doy cuenta de que es un error horrendo e imperdonable mal gastar dinero, porque lo debo recuperar usando mi precioso tiempo trabajando para generarlo, llámese negocio propio, trading, o lo que sea que hagas para generarlo. Y como mi tiempo y la vida se tornan mi recurso más precioso, quiero usarlo de la forma más eficiente y gratificante posible, con una vida con propósito, y en mi concepto personal trabajar para otros y que estos se vuelvan ricos y yo no definitivamente NO es un propósito para mí.

Trabajar para otros no solo significa trabajar para tu jefe o para una compañía, también se aplica cuando gastas tu dinero sin necesidad real, como cuando te compras un iPhone nuevo cada dos años cuando tu teléfono funciona maravillosamente, ahí empiezas a trabajar para la Apple; cuando tienes decenas de zapatos con solo dos pies y te vuelves esclava de los fabricantes de zapatos o de marcas esperando que gastes sin control el dinero que debería servir para tu libertad.
Y no se trata de ser austero para convertirnos en avariciosos y acumular sin razón, se trata de sentarnos y definir cuál es el propósito de los objetos que queremos, preguntarnos si lo que hacemos es para nosotros o para aparentar frente a los demás, que pasa ni no hago esa compra, que necesito hacer para recuperar ese dinero una vez gastado, me voy a arrepentir, va a ser un objeto más de una colección banal, que tanto nos aleja de nuestros propósitos a largo plazo, que es lo que realmente importante para mí.
Aprender las bases del dinero es fundamental para todo ser humano de esta era y de las futuras, a menos que llegue el Apocalipsis y la humanidad termine funcionando bajo otras reglas. Entonces la regla número uno para mí es la frugalidad, el gastar con conciencia de lo que estoy gastando, cuánto estoy gastando, para qué y por qué estoy gastando, cuál es el propósito de este gasto y cuánto me está costando en tiempo. Al principio es tedioso y puede llegar a parecer ridículo, pero es un ejercicio que al convertirlo en hábito se vuelve una herramienta poderosa para el resto de la vida.
No importa cuánto produzcas, si no logras ponerle un freno a tus emociones y a tu ego, todo tu esfuerzo será agua que se va por la cañería y que no va a regresar, no va a regresar tu tiempo, no va a regresar tu vida.
Del minimalismo hablaremos en otro post.

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